miércoles, mayo 24, 2017

Siete meses, siete meses...

Una vez tomada la decisión de que tu vida profesional no afecte a la personal, y establecidas las prioridades – de esa reflexión también hablaré en otra entrada, y creo que es la misma a la que me refería en el apartado anterior – reconozco que en la situación actual, es un alivio poder repetir el mantra “siete meses, siete meses, siete meses…”

Que son, básicamente, los que me quedan en el convento (me ¡piiiing! dentro)

No sé si estaré mayor, o es que cuando te haces mayor cada vez aguantas menos la estupidez, pero últimamente tengo serios problemas para no cabrearme como una mona a diario en el trabajo.

Dejando aparte el nada despreciable hecho de que tengo por jefa a un pollo sin cabeza corriendo por la oficina que te llama cada diez minutos, lo mismo para preguntarte por ese importantísimo asunto cuyo último mail se ha medio leído sin enterarse de nada como para decirte que reserves una sala - ¿desde cuándo soy tu secretaria, hija? -, la verdad es que el entorno no es nada apetecible como hábitat profesional. De hecho, no es nada apetecible ni para pasar de largo de camino hacia algún otro sitio. El túnel de una alcantarilla plagado de ratas y filtraciones pútridas sería un atajo más recomendable.

Cosas que me sacan de mis casillas a diario:

1-. Tener una compañera más vaga que la chaqueta de un guardia y que la solución del pollo sin cabeza sea tan sencilla como enchufarte a ti todo el trabajo que la Gorda, apelativo cariñoso que le ha puesto Erik, no quiere hacer aunque esté expresamente asignado en sus tareas.

2-. Tener un director inútil que no sabe hacer la “o” con un canuto – lo puedo demostrar con papeles – cuya “aportación estelar” consiste en repetirnos siempre que puede lo malos que somos haciendo nuestro trabajo.

3-. Las constantes meteduras de pata del pollo sin cabeza, que en lugar de preguntar antes de contestar sobre algo que no sabe, contesta a gente que sí sabe, haciéndose la que sabe, y dejándonos a todo como cagancho (marca Minitel).

4-. Estar mega-estresada con la carga de trabajo que el pollo descabezado te ha echado encima con su brillante gestión de equipo, y que la Gorda te interrumpa cada cinco minutos para contarte que está haciendo un Excel maravilloso para tener localizadas las facturas por los servicios prestados - tarea legal de vital contenido y valor, como todo el mundo sabe - y que qué opinas, lo guardo en la carpeta de “pagos” o en la de “presupuestos”.

5-. Tener al pollo sin cabeza corriendo de la oficina saltando de un tema a otro sin orden ni concierto y haciendo de todo menos trabajar.

6-. Que la principal prioridad del recojo-director-de-la-muerte sea comprobar personalmente que tenemos todos los documentos guardados en la carpeta que hemos dicho y se descuelgue con la “prioridad cero” de completar los que faltan. Y yo que pensaba que estaba muy liado aprendiendo a juntar la “b” con la “a”, anda mira.

7-. Que el pollo sin cabeza, a la vista del punto 6, corra por la oficina en tu dirección agitando los brazos como los molinos del Quijote y gritando con los pelos como escarpias para que dejes todo lo que tengas entre manos y te pongas inmediatamente con ello, mientras la Gorda se va a su casa, que ya se le han pasado treinta segundos de la hora de su jornada reducida y en lo que va de semana lo menos le ha regalado ya a la empresa diez minutos.

Y suma y sigue.

Ante esto, “siete meses, siete meses, siete meses…” se ha convertido en un mantra al que una se agarra con la esperanza de no acabar mandando a la ¡piiiinngg! a la ¡pinnngg! ¡pinnngg! de su ¡pinnngg! ¡pinnngg! ¡pinngggg!


COÑO

martes, mayo 23, 2017

Feliz como una perdiz

Tengo que dejar esto escrito en mi diario, porque ayer viví algunas de las horas más felices de mi vida. Por fin han quedado atrás todas las barreras que nos impedían estar al cien por cien unidos como una pareja. Por fin Erik se siente libre para estar conmigo, y así lo estoy percibiendo, ayer más que nunca.

Miro atrás y pienso que todas las dificultades, crisis y desencuentros que pudieron separarnos y no lo lograron, no son más que pruebas de la intensidad del amor que nos ha unido desde el principio. He tenido la suerte de encontrar un amor auténtico e increíblemente fuerte y profundo. Estoy más enamorada que nunca. Por fin soy verdaderamente feliz. Por fin llegamos al final del camino y ahora podemos disfrutar de lo que nos une.

Ayer acordamos un límite para vivir juntos, que será finales de este año. Lo cual quiere decir que en 2018 estaré viviendo en el norte. No sé qué características tendrá la forma en que me ganaré la vida, pero sí sé que no voy a estropear mi vida personal por una cuestión laboral, aunque de eso ya hablaremos en otro post.


Hoy me he prometido que mis demonios no van a estropear una relación por la que he luchado tanto. Aquí tampoco voy a entrar en detalle, basta con que yo sepa a qué me refiero. Los demonios se alimentan de las dudas y las situaciones de incertidumbre, pero estas han desaparecido, así que ya, sí, finalmente, después de un periodo de transición muy complicado, puedo volver a escribir entradas con mucha luz.

lunes, mayo 15, 2017

Harta de hablar de Erik

Siempre me ha gustado escribir. No es ningún secreto. Sin embargo, todo lo que escribo últimamente en el blog, de una forma o de otra, tiene que ver con Erik. El motivo bien puede ser que sólo escriba en el blog cuando necesito desahogarme, pero aún así. Yo no me defino por Erik. Lo malo es que cuando una situación te causa problemas todo acaba girando en torno a eso. Ahí es cuando te pierdes de vista a ti mismo.

El personaje de Patricia ha surgido por una razón. Algo dentro de mí me decía que tenía que ocuparme de mí en primer lugar, centrarme en mis deseos y necesidades. Esta Patricia tiene más razón que un santo. Si tuviera que contestar a la pregunta de si ha merecido la pena este proceso en el que me he metido y que ha venido marcando mi vida los últimos tres años, la respuesta sería dual: sí y no.

Sí porque este proceso me ha hecho cambiar hacia mejor, me ha obligado a asumir las riendas de mi vida y ha roto algunas ideas un tanto inflexibles que tenía sobre la vida y las personas. Además me ha mostrado que hay amigos con los que puedo contar incondicionalmente, me ha acercado más a ellos, y eso es un auténtico tesoro.

No porque nadie tiene derecho a ponerte  a prueba de la forma en que lo ha hecho Erik. En parte porque la situación le ha superado, es cierto, y en parte porque defiende sus propios intereses también. Lo curioso es que estos pensamientos me vengan cuando todo está pasado y superado ya. Cuando ya por fin empiezo a ocupar el sitio que me corresponde en esta relación. A pinchar y cortar el bacalao. Ahora es cuando pienso que a lo mejor ya no me apetece. 

Estoy un poco cansada de sostener esta cuerda para que no se rompa. Y el motivo es que Erik ha tirado de ella más de la cuenta. Puede que de no haber hecho las cosas de la manera en que las hecho, no hubiera sido capaz de hacerlas. Probablemente sea así. El problema es que a estas alturas, yo ya no tengo ganas de seguir lidiando con  más obstáculos. Y es evidente que los va a haber. Me pregunto si, de haber sido al contrario, hubiera aguantado Erik todo lo que yo he tenido que pasar. Lo dudo muy seriamente.

sábado, abril 15, 2017

Minimalismo

Me habían recomendado tres películas. O cinco. Ya ni me acuerdo. Es lo que tiene quedar con amigas que tienen conversación. El caso es que cuando llegué a casa dispuesta a ejercer de cinéfila lo primero que me saltó al conectar el Netflix fue un documental sobre el Minimalismo. Y oiga, así como que de entrada, lo dejé estar. Y desde el primer momento, me dio un montón de paz. El Minimalismo es una filosofía por la cual prescindes de todo aquello que no utilizas. La sola idea de lo cual me produce una paz a nivel profundo que no puedo describir. Precisamente estos días me pedía el cuerpo deshacerme de todo lo superficial, cantidad de objetos acumulados que no hacen más que ocupar espacio y no utilizo. Lo sentía como una necesidad espiritual, renovación, limpieza, vacío... una forma simbólica de quitarme cargas de encima. Y llegó este documental. Y lo vi enterito. Me encantó. Me interesa muchísimo el tema. Se ve que necesito quitarme lastre. No se trata sólo de objetos, sino de personas, situaciones. Simplificar la vida, en una palabra. Como concepto, sencillamente me encanta.

Me atrae la idea de hacer las cosas sencillas, quitarme mochilas o al revés, quedarme sólo con una. Echarme a andar por la carretera como en aquel texto que leí en la E.G.B. y me causó tanto impacto que no lo he olvidado nunca. Ahora tengo dos peludos de los que cuidar, es verdad. Así que como no les gusta ir de viaje, igual lo de perderme por una carretera tampoco sería un plan. Claro que su padre podría quedarse con ellos durante una temporada. Y yo coger esa mochila, con cuatro trapos y un jabón lagarto, unas buenas botas y a patear. Echar a andar sin saber hacia dónde ni preocuparme lo más mínimo por ello. Sentir el sol sobre mi cara, oler las flores (es primavera). Anticipar la sensación de descubrimiento. Pensar que el mundo es un lugar seguro lleno de cosas maravillosas. Sentirme nueva otra vez, con todo por delante. Ser simplemente yo. Algo así debe ser el cielo. 


Mortadelo e Isla

Si tuviera que elegir un amigo para llevarme a una isla desierta, ese sería Mortadelo. No conozco a nadie más optimista, ocurrente o con quien me ría más. Mortadelo es el alma de las fiestas, aunque últimamente ha pasado una racha tan ocupado - la dichosa Minitel - que parecía otro. Pero es un tío verdaderamente genial.

De Mortadelo envidio su capacidad para capear el temporal sin personalizar las cosas y con dosis ingentes de optimismo y humor. No importa lo que pase, él siempre sabe sacar el chiste y reírse, y de paso hacer que nos descojonemos los demás. Visto desde fuera, tiene la vida perfecta. Dos hijos preciosos ya criados, mujer guapísima y con tipazo y dos perros de los que la familia cuida con devoción ejemplar, por muchos sillones que se coman. Digo desde fuera, porque él siempre dice que las cosas cuestan y no son tan estupendas como relucen. Hombre, ya. 

Mortadelo y yo pensamos de forma muy similar. No como Isla. Isla es un poco tocapelotas, para qué nos vamos a engañar. Pero es buena gente, y cada uno tenemos nuestros defectos. No por eso la aprecio menos. Lo de tocapelotas lo digo con cariño. Aunque a veces las toca. Sobre en todo en temas de política. Eeeeeeh, que os habéis pensado que voy a entrar en ese trapo, quita p'allá.

Mortadelo e Isla son dos oasis en Minitel. No sé si he hablado ya, me suena que sí, de Gritona, el reporte jerárquico - me niego a decir "mi" jefa, esa no es nada mío - que me ha puesto Minitel. Con decir que el otro día, al comentarle a una compañera mía de otro departamento que no había salido la entrevista en la P.E.R.A. me dijo que vaya, suponía que tenía que estar bastante deprimida por tener que seguir aguantando a la prepotente, maleducada y bipolar de Gritona. Ahí es nada. Con decir que yo nunca le había dado ninguna opinión de ella. Imaginen cómo son mis días. Pues Mortadelo e Isla son mi oasis. Mi descanso en medio de la tormenta. Amigos de verdad con los que me río, desconecto y pongo a parir a quien se tercie. Isla es más indulgente con Gritona. Mortadelo no puede ni verla. Como he dicho, ambos pensamos de forma muy similar. Pero como le digo a Isla, lo importante es que nos queremos.


miércoles, abril 12, 2017

Guía de un astronauta

Ayer me machacó la noticia. No tiene sentido negarlo, salvo que pretenda engañarme a mí misma. Esta historia con Erik es el rosario de nunca acabar. Me habían dicho que era la candidata idónea para el puesto, pero nunca hay nada asegurado. Está claro. Y la entrevista salió floja, eso ya lo conté en este rincón. Pero ayer me entró el pánico. ¿Qué ocurre si no encuentro un trabajo en condiciones en Maspallá? ¿Tendré que renunciar a aquello por lo que he estado trabajando los últimos seis años? ¿Renunciar a todo y aceptar un puesto por debajo de lo que he logrado hasta ahora? ¿Depender de Erik? Y si no lo hago y esto se alarga, ¿aguantará la relación? Qué difícil parece todo.  Se me hace un mundo, una montaña enorme y fea, hostil y nada empática con lo que hemos pasado ya.

Es en estos momentos cuando más envidio a la gente que cree en la ley de atracción, el universo, Dios o cualquier otra cosa a la que acudir. Sentirse parte de un azar sobre el que se tiene un control relativo es duro cuando las cosas se complican. Tienes que pasarlo a pelo. Sin anestesia. En mi caso, encima, mi carácter no ayuda nada. Tengo tendencia a ponerme en el peor escenario posible y eso me genera infinitas pesadillas. He perdido la cuenta de la última vez que dormí siete horas seguidas.

Parece evidente que, a falta de creencia en un santo al que ponerle velas, más vale que me plantee seriamente reconfigurar mi sistema de pensamiento. Si quiero llegar a vieja, vamos. Visto objetivamente, sin pánico, la cosa no pinta tan mal. He conseguido una entrevista en la P.E.R.A. Un recruiter maspallés se ha interesado por mi perfil y ha mostrado confianza en ser capaz de encontrarme un trabajo allí, incluso si esta entrevista salía mal ¿Por qué narices iba a decirme eso si no fuera cierto? Y mirándolo fríamente, la verdad es que tampoco he movido tanto la búsqueda en Maspallá. Lo cierto es que la he movido muy poco. Y aun así he conseguido una entrevista interesante. Que además me ha aportado experiencia para volver a entrevistarme en la P.E.R.A. En fin, visto a la luz del día y haciendo un esfuerzo por racionalizarlo, creo que mi impulso de ayer de saltar de un puente quizá fuera pelín exagerado. En cuanto a Erik, poco le conozco si llegado a estas alturas, después de tragarse un camino empinado de cabras por el puto Vietnam, fuera a tirar la toalla ahora que las cosas empiezan a encauzarse. Mis dificultades para creer que alguien pueda quererme tampoco ayudan, precisamente, pero si negara que este hombre me adora sería como decir que no tengo ojos en la cara. En fin, que todo se reduce a gestionar y gestionar, las dificultades y a uno mismo, que tampoco es moco de pavo. La suerte que tengo es que por lo menos me conozco bien.

Ayer, en plena crisis psicótica, me hubiera encantado trincar algún libro de milagros, espíritus o similar, abrirlo y que por arte de magia mis desazones se evaporaran. Pero como, insisto, no puedo creer, racional de los cojones que es una, aunque por mi obsesiva vuelta a ese tema está claro que daría un brazo por poder hacerlo, lo que trinqué en su lugar fue “Guía de un astronauta para vivir en laTierra” de Chris Hadfield. Y vaya si me ayudó. Me di cuenta de que durante estos tres años, y posiblemente mi vida entera, he estado esperando el punto final de un proceso, ese momento al que llegas después de dar el hígado y hasta lo que no tienes en el que todo se resuelve, las cosas se encauzan por fin y a partir de ahí todo es un cuento de hadas, maravilloso y perfecto. Por eso vivo de berrinche en berrinche, porque ese momento no llega nunca. No forma parte de la dinámica de la vida. Nada más empezar a leer, me cuenta Chris que visto desde fuera, su carrera parece la trayectoria perfecta de un astronauta y lo que ha sido en realidad es un cúmulo de extraordinarias dificultades y callejones sin salida, tanto en lo profesional como en lo familiar. Que por motivos laborales tuvo que vivir dieciocho meses separado de su entonces jovencísima mujer a cargo de los niños. Que en el último momento le quitaron una formación vital para su carrera en Europa,  que ya tenía concedida, por cuestiones políticas. Que hasta se planteó dejarlo todo para hacerse piloto de línea aérea, cansado de las dificultades por las que él y su familia estaban teniendo que pasar. Su vida ha sido todo menos un cuento de hadas. Como la de todo el mundo. Porque en eso consiste la vida. En gestionar las dificultades que se van derivando de las decisiones que tomas. No llega un punto en que todo se resuelve. Llega un punto en que consigues o no lo que te has propuesto. Y con eso y todo, siempre habrá algo que gestionar.


martes, abril 11, 2017

A guerrera no me gana ni dios

Ha llamado Bor. Malas noticias. No me han seleccionado para la P.E.R.A. Me parece lógico. No daba el perfil de chochona sectaria que al parecer estaban buscando. Ha sido un palo, tengo que reconocerlo. El azar se ha empeñado en ponerme las cosas difíciles. Esto empieza a parecerse a una puñetera gymkana, pero no pienso flojear. Al contrario, ahora sí me he cabreado. Porque estamos hablando de mi vida. La mía, no la de mi primo el cojo ni la cuñada del portero. LA MÍA. COÑO. Y por mis cojones que va a salir como yo quiero.

Mañana empieza esto de verdad. Desde mañana, to'l que se mueva en Maspallá y tenga algo que ver con el mercado de trabajo va a saber de mí. Se va a quedar aquello como si hubiera pasado Atila. Laboralmente hablando. Tampoco sé si es la mejor forma de expresarlo pero se me entiende. 

Hace tres años me enamoré y hasta ahora. Mi vida ha cambiado de arriba a abajo y sigue siendo una lucha por estar  donde quiero, como quiero y con quien quiero. Y por mis huevos que lo consigo. Y lo consigo ya. Antes de que termine este jodío por culo año. Me perdonen la expresión, es la que mi abuela usaba.

Esto ha sido un palo, pero a mí, a cabezota, perseverante y guerrera no me gana ni dios.


Estoy preparada

Creo que nunca lo había dicho en voz alta. Estoy preparada. Para la siguiente fase de mi vida, digo. Estoy lista para dar el salto y gestionar lo que venga detrás. Así que, ¿a qué estás esperando, Bor?

Erik y yo hicimos las paces. Claro. No digo yo que sea mala idea empezar una serie en el blog con la etiqueta "second chance". Las segundas relaciones, esas que vienen después de las que se suponían que iban a ser para siempre, son complicadas. Todo un reto, mucho más que si empezaras de nuevas. En un sentido, claro. Son más complicadas porque traen mochilas gordas, por lo general. Pero tienen la ventaja de que los dos implicados son personas maduras, saben mucho mejor lo que quieren y en qué se han equivocado. Ese manual que - insisto - deberían darnos en el colegio sobre las relaciones, nos lo hemos aprendido cursando el master del primer matrimonio. Así que, sí, son difíciles, pero en muchos sentidos, tienen sus ventajas. Y por ese lado, pueden ser más fáciles.

Lo bueno de estas relaciones es que te obligan a crecer como persona. Te hacen más flexible, más generoso y empático, mejor gente. Si sabes tragarte el sapo que toca cuando toca. Que toca, para qué nos vamos a engañar. Pero, ¿es que no hay sapos en las primeras relaciones? También te obliga a echar mano de autoestima, comunicación y entendimiento de tus propios límites. Y negociación. Es lo que hay. Todo un reto, en toda regla. Pero qué quieren qué les diga. Los retos son lo que mueven el mundo. Yo con esta relación he aprendido fundamentalmente, a tener autoestima. Dicho así, suena fatal, pero no lo es. En absoluto. Te enseña a no caer en la trampa de pensar que porque estar con alguien sea difícil, ese alguien es más importante que tú. Que es fácil caer en ese engaño, no crean. Tiendes a pensar que tienes que conseguirlo como sea. Pero no es así. Si él te quiere, también tiene que "conseguirte" a ti. Conseguir que te compensen las dificultades por las que ambos tenéis que pasar. Y si te quiere, y es lo suficientemente maduro, lo hará. En eso yo he tenido suerte. Aunque de vez en cuando haya que echar mano de la autoestima para poner sobre la mesa los límites razonables.

martes, abril 04, 2017

Lo que necesitas es a mí

Así me habla Patricia, el alter ego de mi alter ego o a lo mejor es que tengo dos alter egos, uno por cada parte de mi personalidad. Esta es la conclusión a la que ha llegado Patricia. La vida es hermooosa y una jodienda. No se pueden separar las dos cosas. Como decía una bruja verde acertadamente, la vida no es blanca o negra, sino una mezcla siempre cambiante de grados de gris. A veces gris claro, a veces gris a secas y a veces gris marengo, pero siempre hay algo de gris. Y yo empeñada en hacer de la mía una veta de luz blanca inmaculada. Ese ha sido mi error.

En esta relación me voy a tener que tragar muchos sapos. Así que más vale que: (1) le quite todo el hierro que pueda al asunto; (2) me lo tome con el máximo de humor; (3) me lo tome con independencia y distancia y (4) procure que la dieta sea variada.

Y aquí es donde entra Patricia Kojondorf. Necesito esa parte de mi yo que sólo piensa en sí misma, que sabe devolverla y ser gamberra, que no se deja aplatanar por los acontecimientos y cultiva el glamour como valor de vida. Porque si no, todo se vuelve muy zafio. Las ilusiones se tiñen de negro por toda la mierda que las circunstancias le echan encima. No se puede dar todo a todas horas. Es sano y aconsejable pensar en ti misma. Saber ser tremenda a veces. Pasarse las normas por el forro del impensable. Lo que necesitas es a mí, dice Patricia Kojondorf. Amén, hermana.


Y volviendo al tema que nos ocupa, ¿qué haría la Kojondorf?

Porque la verdad, la situación tiene muy poco glamour. Ni el sitio donde se celebraba el cumpleaños valía dos duros, ni los asistentes estaban a la altura (todos más serios que una calabaza excepto la zorra que se está intentando ligar a Erik en los mismos morros de su ex y ya que estamos, en los míos propios) y lo que es peor, la ex de mi presente parece Samara Morgan y les aseguro que no es porque lo diga yo. De hecho fue mi amiga Divina la que por poco se cae de culo del susto y sí, claro que estábamos viendo las fotos del Facebook, a ver si no cómo se imaginan que tenemos toda esta información.

Lo de la zorra lo sé porque me lo ha contado Erik. La única que sonreía en la foto. Sonríe todo lo que quieras hija. Porque cuando Erik haya firmado el divorcio, adivina quién se va a comer una foto mía de lo menos dudosa con él en to’l Facebook. Quien a hierro mata… Te la vas a comer tú y se la va a comer Samara Morgan, que las raciones de sapos, hay que repartirlas y a algunas ya le van tocando unas cuantas.

Y ahora le cedo la palabra a Patricia Kojondorf.

¿Qué haría yo? Mmmmm…. – pestañeo mirando coquetamente a la cámara-. Bueno, para empezar, recordaría qué es lo importante aquí, mi querida Amaranta. Piénsalo bien. Exacto: NOS. Te matas dándolo todo por esta relación y ¿eres feliz? – elegante negación con la cabeza-. “Mmmno. Perdóname, querida, pero estás hecha unos zorros. Cada vez peor. Hoy ni siquiera te has puesto brillo en las uñas. Dónde vamos a llegar… Mira, cariño, yo lo que haría, para empezar, es dejar de pensar completamente en este asunto. No pensaría nada de nada. Me dedicaría a lo mío, MI máster, MI trabajo, MIS amigos y MI casa. Mañana saldría por ahí a patinar. No volvería a pensar en ello ni un segundo hasta el viernes. Y entonces, cogería el avión y hablaría con él. VESTIDA PARA MATAR. Y no por él, sino por ti. Porque tú lo vales y te das lo mejor A TI. Y tranquila de verdad. Tranquila porque no eres feliz, y si sale mal, tampoco va a cambiar nada. Tranquila porque hija mía, ¿tú has visto bien a Samara Morgan y su “amiga”? – aquí interviene Amaranta, pues sí, menuda amiga, no me imagino yo tirándole los tejos al marido de Divina en pleno divorcio, antes me abro en canal a la japonesa. Y mira, visto así, resulta que las brujas de mi clan sí que están unidas, no como otras -.  Tranquila porque ese hombre te quiere, a pesar de sus defectos. Y porque tú ya te has dado cuenta de que lo importante aquí, somos NOS. Tú y yo. Nuestra felicidad. Que no es otra cosa que lo que has estado buscando dándolo todo durante tanto tiempo. ¿Qué así no lo consigues? Pues cambiemos las tornas. No demos tanto. Empecemos a dirigir la atención a otras cosas que sí nos hagan felices. Y recordemos cuántos rubios macizos de dos metros nos hemos cruzado por el camino… Sé egoísta, querida Amaranta, sé egoísta.”


Así habló Patricia Kojondorf. “Y por supuesto” – remató – “que cuando firme el puto divorcio - ¿puto, Patricia? :-OOOO - colgaremos una buena foto en el Facebook que no deje lugar a dudas…”

domingo, abril 02, 2017

No lo recomiendo

Lo dice una que le ha salido bien. Ellos nunca dejan a sus mujeres. En mi caso lo hizo. Una de las pocas afortunadas a las que le sale bien. Yo también dejé a mi marido por él. Nos metimos en una odisea de problemas, uno detrás de otro, por amor. El balance ha sido durísimo. Ahora viene cuando digo en plan "posi" que oye, la experiencia me ha hecho crecer y me ha abierto un montón de posibilidades, bla, bla, bla. Que es verdad. Pero también ha pasado una factura descomunal. Una relación que empieza con tan mal pie, duplicidades sexuales, duelos que tienen que resolverse en paralelo, acaba pasando factura y de qué modo. Sobre todo cuando, como en mi caso, las cargas no son equivalentes. Yo no mantuve duplicidades sexuales, traducido, que desde que empecé con él, sólo me acosté con él, mientras que él mantuvo relaciones paralelas hasta que literalmente, le mandé a la mierda. Entonces reaccionó y tomó una decisión. Que oye, mérito no le quito. Lo cómodo hubiera sido seguir a lo suyo y olvidarme. Menos papeleos, menos mudanzas y menos de todo.

Mi duelo también pasó mucho antes, porque yo tomé la decisión mucho antes. En parte, porque él tiene hijos y en parte, porque montó un despliegue surrealista para justificar por qué se separaba: mudarse por trabajo sabiendo que su mujer no iba a querer ir detrás. Así forzó el motivo de la separación. Y digo yo, ¿no hubiera sido más fácil simplemente decir que no funcionaba? Porque alegar ese motivo supuso mantener una farsa durante un tiempo largo, impactándome también a mí, por supuesto. Una farsa que implicaba entre otras cosas seguir manteniendo relaciones sexuales para que no se sospechara que el motivo era otro. Como digo, eso duró pocos meses, hasta que decidí que no era un precio que yo estuviera dispuesta a pagar. Y entonces, para mi sorpresa, reaccionó de una forma que no esperaba. Tomando la decisión que hasta ese momento había pospuesto.

Lo malo es que la confianza básica de la pareja, esa por la cual se espera que nunca, bajo ninguna circunstancia, tu pareja te hará daño a sabiendas, se había roto. Yo estaba tan enamorada que decidí seguir adelante y darnos una oportunidad, pero reconstruir esa confianza ha sido un proceso difícil en el que no sé si he alcanzado el éxito. Porque Erik ya me hizo daño, muchísimo, a sabiendas  y a pesar de que yo se lo decía a gritos, por un bien para él mayor. Y siempre te queda la duda de si eso va a volver a hacerlo en caso de disyuntiva.

A ese problema se ha añadido la cuestión del duelo de Erik. Ha habido que darle margen y tiempo y espacio para gestionarlo y es normal. Todo el del mundo. Hasta que llega un momento en que te das cuenta de que han pasado ya tres años, entre unas cosas y otras, y sigues sin poder estar presente en su cumpleaños; ni sus amigos ni sus hijos saben que existes porque todavía no ha firmado el divorcio. La que sí está, en cambio, es su todavía mujer, porque es una cuestión a la que él no da la más mínima importancia. Que tú te sigas quedando en casa mientras él celebra su cumpleaños con su mujer no tiene importancia porque no es más que tomar unas copas con amigos comunes. Y encima, cuando le dices algo, dice que se siente cuestionado, te llama poco menos que celosa compulsiva y plantea que tenemos que hablar del tema porque eso nos está haciendo mucho daño y provocando un desgaste en la relación. Manda huevos.

No crean, esto me ha venido bien. Muy bien. Me he dado cuenta de que después de la cojo-crisis que tuvimos cuando le planté, había cogido mucho miedo al conflicto. No me atrevía a decir las cosas que esperaba y las que me molestaban. Me he dado cuenta de que he estado en una situación donde él ha dispuesto los tiempos y las agendas a su conveniencia. Y me he dado cuenta de que su capacidad de empatía hacia mí en ocasiones es limitada. Y lo que es más, me he dado cuenta de que da igual lo que te digan, en este mundo todo el mundo va a lo puto suyo, menos algunas idiotas como yo que piensan que si lo dan todo por amor tendrán la relación de pareja ideal y las querrán in aeternum.

Ayer, después de su dura respuesta, miré a mi alrededor y no me gustó lo que vi. Una casa dejada y en desorden y a mí pendiente de un tío que había logrado precisamente eso por ponérmelo difícil. Y decidí que no quiero eso para mí. Por segunda vez me planteé si me merece la pena seguir con esto. La respuesta es que en estas circunstancias, no. Y no me refiero tanto a las circunstancias "formales" que esas, mal que bien, ya se van arreglando. Me refiero a mi posición personal. No pasa nada si la relación con Erik no sale adelante. No es el fin del mundo. Pero estar en unas condiciones que me hacen infeliz y de pedigüeña afectiva, ahí sí que pasa.  

Sé que debería decir que toda experiencia te hace crecer pero la verdad, esta no la recomiendo. Ni por amor ni por nada. Si alguna se empieza a sentir atraída por un hombre que está en una relación, mi consejo es que piense en sí misma que repito, es lo que hace t'ol jodío mundo, y huya. En dirección contraria y a toda la velocidad que le permitan sus pies. Dejando a un lado el hecho a todas luces indiscutible de que el mar está lleno, no, petao de peces, no hay hombre sobre la faz de la tierra, por muy guapo, cariñoso, encantador o lo que sea, que valga este sufrimiento. Lo dice una a la que "le ha salido bien". Y lo que le queda.