lunes, julio 17, 2017

Decisiones

20:36 2 Comments

He tomado varias decisiones importantes. La primera es que me voy al Norte. Sin esperar a que surja el trabajo adecuado. Me voy al Norte con un trabajo suficiente. El primero que cubra mis necesidades de forma razonable.

La segunda es que voy a dejar atrás dos cosas: el miedo y la negatividad. Desde este mismo momento. Sin concesiones.

Y la tercera es que apuesto al 100% por esta relación y nuestra felicidad.


sábado, julio 15, 2017

El máster

21:40 2 Comments
¡Hoy estamos que lo tiramos, oiga! Cuatro entradas por el precio de una. Escribiendo sobre las cosas que me ocupan y me importan. Como el máster. Que es una de mis grandes ilusiones hechas realidad pero me está costando hasta la sangre de mis venas.

Cuando me apunté, no imaginaba que iba a ser tan duro como es. Hubo un momento en que pensé que no tenía la capacidad de hacerlo. Pero después aprobé el primer trabajo con un 7. Y en el siguiente me pusieron un 9. Superé la barrera del "no puedo hacerlo" con creces. Mi problema ahora, sin embargo, es la cantidad de trabajo ingente que supone, la travesía del desierto (encontrar la disciplina para hacerlo todo en la soledad mi casa) y el puteo y nula comprensión de mi jefa tóxica, que ni quiere entender lo que supone el máster, ni valora una mrda lo que puede aportar a mi trabajo, y a veces hasta pienso que le jode que lo haga. En resumen, que es difícil compatibilizar el enorme esfuerzo que me supone con mi jornada laboral.

Así las cosas, por la presión de los últimos meses, he llegado a cogerle tirria al momento de sentarme en el salón de mi casa frente al ordenador para completar el trabajo de turno. Hablamos de análisis legales del orden de 18-20 páginas cada uno. Que luego se van a mirar con lupa, así que más te vale que lo argumentes con solidez. Créanme, un trabajo de auténtica minería. 

Y por eso escribo esta entrada. Para recordar el enorme privilegio que supone estar cursando esta formación en una universidad de élite. Para tener presente que, por muy duro y difícil que sea, es un sueño que no puedo dejar escapar. Para no olvidar cuánto me ha costado llegar hasta aquí, y que no es momento ahora de arrugarse o perder fuelle. Mi principal problema en este momento es la sensación de hartazgo que me produce sentarme ante el ordenador en el salón de casa, la presión que siento por terminar el trabajo en cuestión y hacerlo con la suficiente calidad. De mis días de estudiante de psicología, aprendí que eso se llama condicionamiento clásico. Así que mi primera medida es el cambio de escenario. A partir de ahora, en lugar de venir a casa después del trabajo, me iré directamente a la biblioteca. Espero que eso me ayude a romper la sensación de tener una montaña en el lomo cada vez que me pongo con el dichoso "assingment". Ya os iré contando. 


Que la suerte me acompañe

21:05 0 Comments
No, el Proyecto JOB no es tener más paciencia que un santo. Lo cual, dado mi temperamento, sería difícil. El objetivo del Proyecto JOB es encontrar un trabajo en el Norte de Europa, donde vive mi pareja, para mudarme allí. Sha mismo. Y como todas las cosas que no sé por dónde agarrar, abro etiqueta para escribir sobre ellas. Porque no sé si he dicho ya, a riesgo de repetirme más que un ajo, que escribir es lo que me salva del apabullamiento mental. Y me coloca las ideas en orden. Y me animo yo sola.

Decía que tengo un contacto en el Norte que está bastante seguro de ir a encontrarme algo. Bor, se llama. Muy alto y muy rubio y un poco chuleta. Pero muy profesional, también. Lo malo es que es sólo uno. Y me parece poco. Más entrevistas he hecho ya, claro. Todas ellas por Skype. Y en todas rechazada. Eso no le va bien a mi autoestima, pero qué le vamos a hacer. Lo curioso es que en todas me decían que era un "strong candidate". Whatever.

El verano tampoco es el mejor momento para que surjan oportunidades, está claro. Pero no por ello hay que arrojar dramáticamente la toalla (puestos a arrojarla, mejor que sea dramáticamente para darle un poco de glamour al asunto) Sea como fuere, el motivo de escribir esta entrada es una reflexión que viene al caso. Decía en otra entrada que la intención de emigrar al Norte no es el único motivo por el que estoy buscando trabajo. Que tengo una jefa tóxica. Y un jefe de jefa tóxico. Mañana echo el Euromillón a ver si toca. Y me he dado cuenta de que este tipo de personas, sobre todo ella, que es a la que tengo que aguantar más, acaban perjudicando tu calidad de vida. Son demasiadas horas junto a un ente de actitud enervante, beligerante, agresiva y que te saca de tus casillas. Demasiadas faltas de educación y respeto y demasiadas invasiones de tu espacio privado. Demasiados "sustos" y demasiadas "muertes". La única manera de mantenerla a raya es mostrarte fría y distante para que no te dé el coñazo cada cinco minutos. Así que dejar este trabajo es una cuestión de salud emocional. Y no me había dado cuenta hasta ahora. No es que no lo valore, lo valoro. Quizá por eso no te das cuenta de la importancia de dejarlo cuando te empieza a pasar factura. Porque sabes que un trabajo fijo con determinadas prebendas es un tesoro. Pero no uno que hay que pagar a costa de tus emociones. Por eso añado la etiqueta The Happiness Project al Proyecto JOB. Porque están estrecha, íntima e inextricablemente relacionados. Primera idea que saco en claro: quisiera que el nuevo planteamiento laboral fuera no sólo un medio para llegar a algo, sino en sí mismo una mejora de calidad de vida.

Que la suerte me acompañe






¿Adicta a estar jodía?

20:10 0 Comments

"No somos responsables de la programación recibida de nuestra infancia. Pero como adultos, somos ciento por ciento responsables de arreglarla." Ken Keyes.


Anoche estaba con mi hermana, bendita mujer de santa paciencia, con mi ralladura de cabeza habitual, que si mira que tal, que si mira que cual, que si sé, no sé, que si es que p'arriba, p'abajo y vuelta la burra al trigo. Y llegó un momento en que después de escucharme pacientemente, comprarse una empanada, comérsela, ir a la cocina, hacerse un café, volver, tomárselo y volver a dejar la taza va y me dice:

"¿Sabes lo que creo? Que te comes mucho la cabeza, porque las cosas son mucho más sencillas. Y también que llevas tanto tiempo  jorobada, que ya no sabes cómo no estarlo y te creas los problemas tú sola."

TO-MA-YA.

Y lo peor es que tiene razón. Soy talmente como la chica que sale en este vídeo.





Re-programming... Please wait...


Cosas que hay que hacer aunque se esté jodío

19:20 0 Comments
1-. Maquillarse. Como una puerta. Y vestirse como p'a una boda. Es sorprendente el efecto que causa en uno sentirse presentable, cuidado y arreglado. Sólo por eso, te sientes ya de otra manera.

2-. Mantener el orden y limpieza. En el fondo, no es más que una muestra de respeto a ti mismo. Y no se está igual jodío en medio del caos que jodío en un entorno limpio, cuidado y agradable. Se está menos jodío. Y se ven las cosas más optimistas.

3-. Ir al gimnasio. Aunque sólo sea porque mientras te concentras en no romperte el cuello en esa postura tan retorcida de Yoga o en no sacarle un ojo con el churro a la vieja de al lado en el Aquafitness, no puedes pensar en lo jodío que estás. Además te cansas (puntos para dormir por la noche) y generas endorfinas, que sí o sí te suben el ánimo.

4-. Quedar con amigos. Cuantos más y más variados, mejor. Yo estos días he tirado de agenda y el efecto es mágico. No hay nada como hablar con otro ser humano para darte cuenta de que todos vamos en el mismo avión. A todos nos han tirado dentro y han cerrado con llave. Y no hay nada más mano de santo en esta vida que conectar y ayudarnos unos a otros.

5-. Seguir adelante con tus proyectos. Apretando los dientes, haciendo el pino o como sea. Y buscar la manera de disfrutar con ello. Recordar la suerte que tienes por tener la oportunidad de realizarlos. Algún día te darán un buen rédito.

6-. Escribir. O pintar. O cantar. Cada uno como se exprese. En mi caso, escribir, escribir, escribir. Catártico, oiga. 

7-. Cocinar y comer en condiciones. Otra muestra de respeto elemental a ti mismo. Y una de mis grandes asignaturas pendientes, by the way.


viernes, julio 14, 2017

Resolviendo el tema

18:05 4 Comments
Esta entrada iba a llamarse "Resolviendo un tema" pero se ve que el inconsciente me ha traicionado, porque sin yo quererlo ha escrito "Resolviendo EL tema". Se ve que tengo un tema. Gordo. Para resolver. Uno que me da últimamente muchas vueltas a la cabeza. Ya explicaré esto en una entrada relativa al Happiness Project, pero uno de los remedios mano de santo de la abuela para las preocupaciones es la acción. Y a ello me pongo.

Una vez hice un test de esos para saber cuáles son tus puntos fuertes en el trabajo. No sé si la concurrencia sabe que ese tipo de tests se crearon durante la revolución industrial. No sé si la expresión "recursos humanos" nació también por esa época, la verdad. Pero ni el contexto ni el contenido dejan mucho lugar a dudas acerca del concepto subyacente en relación a las tales fuerzas de trabajo. Carnaza para la maquinaria empresarial, vaya.

Pero decía - que me pierdo por los cerros de Úbeda - que una vez hice un test y una de las principales fortalezas que salían era la de resolver problemas. Así que voy a tratar de resolver EL tema: encontrar un trabajo ya en el norte de Europa.

Llevo tiempo intentándolo. Quizá no con la asiduidad que hubiera empleado en España o si hubiera estado donde estoy ahora, al final de un proceso que ya sí no justifica que ese cambio y ese traslado no se realice de una vez. Son varios los factores que pesan en la decisión. La relación de pareja, obviamente. Pero también, el hecho de no querer seguir en mi trabajo actual. Por varias razones, no sólo he llegado al final de una etapa en mi actual empresa, sino que cada día que estoy allí es una prueba a mi capacidad de aislarme para evitar mayores daños. Más de una vez he dicho que tengo una jefa tóxica. En realidad, dos jefes tóxicos, a ella y su superior inmediato. Y no lo digo porque todos hablemos mal de los jefes, sino porque es cierto. Hay personas que son tóxicas, y a mí y al resto de mis compañeros nos han tocado dos, nada menos. Será que Dos los cría y ellos se juntan. 

Así que sí, decisión definitivamente tomada. Si no me fuera al Norte de Europa, me iría a algún otro lugar de España. Donde estoy mismo, pero a otro sitio. Que sí, que ya sé que no quiere decir que fuera a estar mejor. Lo sé. Y de ahí la siguiente pregunta: ¿quizá sea esta una ocasión para tratar de cambiar de enfoque en mi vida laboral?

No lo sé. Tengo muchas preguntas flotando en la cabeza, y no de manera ordenada. Por mi experiencia, se irán asentando a medida que vaya tomando acción. Que no sé ni por dónde empezar. El entusiasmo de mi "headhunter" particular del norte, tan rubio y tan alto él, que cada vez que le escribo para recordarle que sigo interesada me contesta con un entusiasta "no te he olvidado y te encontraré algo, pero todavía no han salido vacantes en la PERA" es una esperanza, es verdad. Pero a lo mejor tengo que buscar más headhunters rubios y altos para que me tengan en mente, que tampoco está de más. O a lo mejor tengo que aportar un enfoque más flexible, un no obcecarme tanto en trabajar de lo mío, que al final, ¿qué es lo mío? ¿realmente es lo mío o es sólo algo que hago a día de hoy? Porque yo sería feliz haciendo muchas cosas, siempre que esté en un entorno armonioso. Eso para mí es bastante más importante que la actividad en sí misma, debo afirmar. 

Que sí, ya lo sé. Tengo la cabeza hecha un lío. Y el remedio es el mismo que cuando el gato me roba la bola de lana (sigo haciendo punto, sí) Agarrar la madeja por una punta e ir deshaciendo el bollo. ¿Para qué se creen si no que abro una nueva etiqueta?








miércoles, julio 12, 2017

Que le den al peligro

23:37 4 Comments
Yo creo en la sinceridad. Y creo que si últimamente me sale escribir siempre sobre lo mismo, es porque lo necesito. Consciente soy de que este blog no está quedando tan divertido como el Tablón de Amaranta. Supongo que vendrán tiempos mejores. Ahora toca lo que toca, y no quiero forzar las situaciones. Lo peor que puede pasar es que no me lean por coñazo. Bueno. Cosas peores le pasan a una en la vida. Me conformo con que al menos la acritud se vaya moderando y despareciendo y creo que eso sí lo estoy consiguiendo. Con el blog y en la vida diaria.

Los últimos tres años y medio han sido una prueba durísima y un periodo de transformación personal. Hoy puedo decir que esa etapa ha finalizado. Como aclaración y continuación de mi entrada "Sola ante el peligro" tengo que decir que el escenario tan negro que me auguraba no se materializó. Cuando le planteé mis inquietudes a Erik, al día siguiente ya estaba presentada oficialmente en su entorno. Pero me dijo algo en lo que tenía mucha razón, y es que yo no confiaba en él. Es verdad. La puesta a prueba durante un periodo tan largo me ha hecho perder la confianza. Y sin eso, una relación difícilmente funciona.

Mi pérdida de confianza desde luego se debe a unas cuantas acciones de él en el pasado, pero también, y eso no puedo obviarlo, a mis propias inseguridades. El maltrato en la infancia deja huella. Siempre. Y lo digo sin victimismos, que conste. Me considero una auténtica superviviente, una mujer que se ha hecho a sí misma. Pero no soy super-woman. Y secuelas, pues me han quedado. Para qué nos vamos a engañar. La principal de todas ellas, y más complicada de gestionar, es un miedo profundamente arraigado, un sentimiento de desamparo que lo llena todo y está siempre presente. Ese miedo está en tu núcleo y condiciona todos tus pensamientos y reacciones, el 99% del tiempo sin que te des ni cuenta. Y se traduce en un constante anticipar desastres, un no confiar en que nada vaya a salir bien, un sentir que el suelo se deshace bajo tus pies, un matarte a dar para que te quieran y un no acabar nunca de creerse que alguien pueda quererte de verdad, aunque la otra persona lo demuestre constantemente. Y eso es un infierno interior, la verdad. Su lógica tiene, no crean. Si la persona que más debía protegerte y cuidarte en el mundo te ha abandonado y agredido constantemente durante años, ¿cómo vas a confiar en nadie más? Por mucho que te digan que eres digno de amor, ¿cómo puedes creerlo si tus propios padres no te han querido? Son contradicciones difíciles de superar que provocan un sentimiento de ansiedad constante y generalizada, la cual  interfiere en tu capacidad de concentración, tu sueño nocturno, tu nivel de energía y a veces provoca peligrosos bajones de ánimo o niveles de ansiedad insostenibles. Lo más suave que te pasa un día cualquiera es que llegas al final del día agotado, con taquicardia, sin haber comido gran cosa y luego encima, no duermes. Y al día siguiente, te despiertas con taquicardia. Again.

Menos mal que no iba a analizar lo que me pasaba. Espero que al que haya llegado hasta aquí leyendo no le haya dado una depresión. Sorry.

El caso es que, llegados a este punto, sólo tienes dos opciones: superarlo o permitir que el miedo siga dirigiendo tu vida. Yo no voy a decir que he optado por lo primero porque no lo he hecho.  Más bien ha pasado solo. Es lo que contaba en "Cenando con los Warren". Llega un momento en que la situación es tan insostenible que te das cuenta de que nada que pueda pasarte, por horrible que sea, es tan malo como lo que ya estás pasando. Y eso ¿significa que los miedos, las ansiedades, las paranoias, han desaparecido como por arte de magia? Para nada. Qué más quisiera. Lo que significa es que cuando aparecen, me planto. Los enfrento de puro cabreo que tengo de no poder aguantarlos más. Me niego a que un pensamiento obsesivo me machaque el cráneo. Me niego a que me asuste cualquier idea acerca de lo que me pueda pasar. Me digo a mí misma que lo gestionaré cuando pase. Y lo digo con cabreo, con rabia. La de no poder más. Me obligo a recordar los muchos detalles que demuestran que hay gente que me quiere de verdad. Me obligo a confiar. Porque lo que tengo hoy no me vale. Y la verdad, no me lo merezco.





















Cenando con los Warren

22:40 0 Comments
No voy a analizar, indagar, escarbar, rumiar o investigar ningún aspecto más de cómo me siento o me dejo de sentir. Ni los orígenes, ni las causas, ni las soluciones. Nada de nada. Así que si alguien piensa que este es otro post más tipo intensocoñazo, que respire aliviado. Pero sí voy a decir que por causas que no vienen al caso, he llegado a un límite de ansiedad que tampoco viene al caso, y de esas cosas que pasan y algo hace “click” dentro de ti. Y ese “click” fue un “estoy hasta las pelotas” un “no quiero vivir así” tan grande como no había sentido en toda mi vida. Y más instintiva que conscientemente, sentí una determinación como nunca antes había experimentado, de no volver a sentirme así jamás, un “me importan un cojón lo que me pase en la vida, que ya me ocuparé de ello cuando pase”. Que no me importa, y lo digo en serio, lo que sea que me pase, ya puede ser todo lo fuerte que quiera, que nunca, jamás, voy a volver a preocuparme por lo que pueda pasar y nunca jamás, voy a permitir ni por un segundo que sea el miedo el que dirija todo esto. Antes que seguir así, y otra vez lo digo en serio, prefiero morirme. Lo cual, por otro lado, más tarde o más temprano pasará de todas formas.

Y ahí se acabaron las técnicas de relajación, las meditaciones, las tilas, el mindfulness y el moderno Prometeo. Ahí se acabó el Happiness Project. Y se acabó el controlar las cosas, el perfeccionismo, el preocuparme por el que pensarán los demás, el no ser yo misma por el que dirán, el temer que no me quieran. Se acabó todo. Con un simple, sencillo, intenso, inesperado e involuntario grito interior:

¡¡¡ESTOY HASTA LAS MISMÍSIMAS PELOTAS Y NUNCA VOLVERÉ A VIVIR ASÍ!!!


La anécdota es que esta noche, poniendo en escena la metáfora de ese click interior, involuntario, inesperado y catártico, mi mente ha generado un sueño de lo más interesante. Y es que me sentaba a cenar en la mesa de los Warren, que no he visto la película y seguro que me lo he inventado todo, pero lo que importa es el significado, que me he sentado a cenar en la casa endemoniada de turno con dos cojones y mucha tranquilidad, sabiendo que en cualquier momento aparecía un bicho o salía una silla volando o se manifestaba un demonio, sabiendo que había peligro e importándome literalmente un peo, tan firme era mi decisión, que en realidad es un click, insisto, de que sea lo que sea que me ocurra, ni de coña pienso volver a tener miedo. Ni a anticipar desastres, ni a sentirme mal por lo que pueda ocurrirme. Que me pase lo que sea, que me planche un camión, que me salga un cáncer, que me pongan los cuernos, que me secuestren y me maten, que aquí estoy, pero sin miedo. Coño ya con la ansiedad de los huevos.


domingo, julio 09, 2017

El arte sutil de que te importe un peo

11:42 4 Comments
Traducción libre y no excesivamente fisna de mi antepenúltima lectura, The subtle art of not giving a f*ck. Sí, con asterisco y todo. Ya se sabe que estos yanquis son muy política y moralmente doble correctos (uy, qué acidez la mía)  (:-0) Ahora en serio, sin animus criticandi, más de una vez tengo la sensación de que este país crea corrientes tanto como las destruye, arrastrando en sus tendencias al resto del mundo. Vale, acabo de decir una perogrullada tamaño el caballo blanco de Santiago es blanco. Grmpf. Pero dejad que me explique.

Un ejemplo es el consumismo. Sin ser experta en historia económica - qué digo experta, sin tener ni pajolera idea dello - siempre me ha dado el tufo de que Estados Unidos no sólo ha sido la gran cuna del consumismo, sino que lo ha practicado y practica de forma atroz. No hay más que ver el tamaño de los platos que se meten esos hombres p'al cuerpo entre pecho y espalda. Una de mis principales angustias cuando viajo allí es precisamente la hora de la comida, porque lo que para mí es una ración, para ellos es lo que llaman un "sideplate", una guarnición opcional que puedes añadir por un par de dólares al plato que pidas, que por lo general será del tamaño de la bandeja del horno de tu casa. Todo ello cocinado con abundante mantequilla de la grasa, lo cual hace de cada bocado una bola de cañón. Y qué tiene eso que ver con el consumismo, Amaranta. Pues todo. Tiene que ver con una cultura, una forma de pensar. El despilfarro, la abundancia, la exageración. Que comen más de lo que necesitan lo prueba el gran número de obesos del país. Y yo encima que me agobio si tengo que dejar algo en el plato porque tirar comida me hace sentir muy incómoda. Imaginen cómo me siento cuando lo que tengo que dejar es el 80% de la ración porque con lo que me ponen comen cuatro como yo. Y sí, su origen histórico tendrá, no lo dudo. Que los padres fundadores pasaron mogollón de hambre, no me cabe duda alguna. Y que de aquellos barros, estos lodos, también. 

Más allá de la anécdota alimenticia, en Estados Unidos se respira consumismo por todos lados. Esa es mi impresión al menos. Para empezar, te cobran por todo. Cualquier cosa que se salga del estándar, rejón que te crió. Y luego es un compre, compre, compre constante. Un apabullamiento de colores, sabores, brillos, luces, carteles chillones, ofertas... Un "cuanto más tengo, más valgo" que se respira por donde vas. Y cuanto más grande y caro es lo que tengo (los coches son un magnífico ejemplo, qué exageraciones se llegan a ver, por Dos) también. Y así ha pasado que ¿dónde ha nacido la corriente contraria al consumismo? En Estados Unidos, of course. Where else? Hablamos del  minimalismo. Las exageraciones es lo que tienen, que suelen suscitar reacciones contrarias a veces un poco extremas. Y conste que al minimalismo(*) desde luego le encuentro su punto. No soy partidaria de adoptar ninguna ideología o corriente, para eso ya está el criterio propio, pero un cierto sentido común no le falta. Siempre que no te lo autoimpongas ni lo lleves al extremo, digo. Más bien es una fuente más para tomar ideas. En el justo medio está la virtud.

Y esta perorata reflexiva venía porque iba a contar las impresiones de mi antepenúltima lectura, The subtle art of not giving a f*ck, que no tenía intención de leer, porque la lectura de "autoayuda" (qué poco me gusta el término) me cansa y me agota y además me suena a crecepelo de oferta del buhonero de turno del viejo Oeste. Apuesto algo a que este género librístico también se ha inventado por allá. Pero el caso es que este libro lo encontré curioseando en una de mis dos librerías re-favoritas en Holanda (la otra es The American Book Centre) que no recuerdo cómo se llama pero sé ir, que es lo importante. Y decía, el caso es que encontré el libro y lo estuve hojeando y me pareció tal compendio de sentido común y tan necesario que alguien dijera lo que dice este libro que me lo llevé. Y me ha encantado.

Algunas de las ideas que desarrolla el libro en cuestión (en mis propias palabras y como yo lo he percibido):

No, no es verdad que tengas que pensar en positivo to'l puñetero día. Esa idea de que si no eres feliz es porque eres gilipollas es MENTIRA y una gilipollez en sí misma.

Sí, todos soñamos con entrar en una sala llena de gente y que el grupo se abra en dos como las aguas para dejarte paso admirando tu guapura, abdominales perfectos, las llaves del Ferrari que asoman de tu bolsillo y el pedazo de cañón de tía que llevas colgada del brazo. Y sí, todos soñamos con f... a Jennifer Aniston, pero eso no va a pasar. NO eres excepcional y no eres un fracasado por no serlo, aunque la sociedad actual te machaque continuamente con la idea contraria.

La vida es corta y hay una cantidad limitada de "peos" que nos pueden importar, así que elige bien las cosas que sí te importan y las demás, pues eso, que te importen un peo.

No, la vida NO es un camino de rosas, es una lucha constante por las cosas que importan, así que elige por qué cosas quieres luchar. En realidad, los problemas se reducen a eso.

Y suma y sigue...

Lo mejor es la sinceridad, humanidad y humor con que está contado. Vamos, que no me hacía falta leerlo pero me ha gustado mucho.

(*) Si alguien tiene interés en saber más sobre minimalismo, hay un documental en Netflix, Minimalism: A documentary about the important things, que lo cuenta muy bien.













miércoles, julio 05, 2017

Sola ante el peligro

23:21 6 Comments
Así es exactamente como me siento ahora. Sola ante el peligro. Se ve que en este blog no puedo evitar acabar hablando de cosas personales. Pues sea. A fin de cuentas, no deja de ser mi espacio personal de reflexión. Más público que privado, eso sí.

Conocí a un hombre con una vida complicada. La mía también lo era. Las simplificamos para poder estar juntos. Yo, al menos, lo hice. Él, teóricamente, también. El proceso me llevó por un camino de sacrificios tremendos. Primero, de no exclusividad. Después, tuve que decidir cortar la relación. Cuatro meses separados. Entonces reaccionó. Regularizó su situación. No le quito mérito, eh, siempre lo he dicho. Pero me pidió tiempo. Para pasar el duelo de la separación, primero. Y llegó el divorcio. Y sí, parece que vamos llegando a buen puerto, después de tantísima espera. Pero espera que ella todavía no ha ratificado en el juzgado. Espera un poco más a que lo nuestro se haga oficial. Y ahora espera, que los niños todavía no han terminado el curso académico. Y un día, ya se lo he dicho a los niños. Se lo han tomado muy bien. Genial. Entonces ya podemos hacer vida normal. Por fin. Pero la vida normal no llega, y Amaranta empieza a extrañarse. Y lo plantea. Y la respuesta es "tienes que entender que mis padres son muy mayores y les cuesta asimilarlo."

¿PER-DO-NA???

¿Me quieres decir que después de tres años y medio de sacrificarme por todo dios, para que nadie sufra más de la cuenta y tú no tengas más problemas de los necesarios, tres años y medio de espera, ahora me sales con esto?

Le miro a los ojos y le digo con mucha tranquilidad: "pues cariño, me temo que entonces ha surgido un problema, porque nuestra relación no aguanta."

Y entonces intenta llevarlo al conflicto, que si le estoy haciendo responsable de cosas de las que no lo es, que si en realidad esto, lo otro. El viejo truco. No se lo permito. No te estoy haciendo responsable de nada, le digo. Lo que ha pasado, pasado está. Lo único que planteo es que tenemos un problema que hay que gestionar, y es que me tienes que incluir de una vez en tu vida, porque si no, esto no funciona.

No hay escapatoria. Recula. Tienes razón, he metido la pata. Lo vamos a gestionar. Lo vamos a arreglar. Pero a mí ya se me han caído varios pelos del sombrajo. Nunca pensé que  mis numerosas pesadillas, atribuidas a fantasmas del pasado, fueran realidad: mi pareja tiene  serias resistencias a incluirme en ese lado de su vida que tiene en su pueblo de origen, amigos, padres y toda la pesca. Y aunque ha aceptado que tengo razón, ahora me siento sola. Sola ante la hostilidad de su entorno, en el que él debió tomar la iniciativa de introducirme sin que yo lo acabara exigiendo porque no hacerlo se iba a cargar nuestra relación. Sola ante la sombra alargada de un entorno opresivo al que ya tengo manía sin conocerlo. Sola ante la siniestra idea de acabar siendo un añadido a su anterior situación, con la que mantiene vínculos bastante insanos que tampoco voy a describir ahora. Sola ante la idea de irme a otro país con un hombre con semejante mochila descomunal, mucho peor de lo que pensaba. Sola ante la vida en general. Decepcionada. Y asustada. Y sin embargo, con mucha más paz que antes. Porque este hombre, en su mangoneo infame, su eterno alargar las cosas,  su venga a dar excusas creíbles hasta que se acabaron, me ha hecho sentirme tremendamente insegura, llorar lo que no está escrito, tragar carros y carretas, padecer una ansiedad desbordada. Que los pocos que hayan tenido el aguante de seguir leyendo habrán visto reflejado en este blog, cómo se iba oscureciendo y llenando de inquina y amargando, hasta que su autora se preguntó ¿qué pasa? ¿quién es esta que escribe? ¿por qué está tan llena de amargura, si las cosas, en teoría, le van bien? ¿dónde está el humor que solía tener, incluso en etapas complicadas? Y decidió que tenía que hacer algo y empezó el Happiness Project, que no es otra cosa que el símbolo de una negativa a vivir eternamente en la tristeza y la negatividad, la determinación de encontrar razones y salidas, la decisión de hacerse con las riendas de sus emociones y encontrar el equilibrio. Y a veces pasa que cuando uno toma este tipo de decisiones, de pronto los acontecimientos se ponen a su favor, y esta conversación difícil que no quería tener pero tuve de puro cabreo, pura ira y hartazgo de que me trataran como no merecía, me ha traído una claridad que necesitaba. Y me ha mostrado que en realidad no eran fantasmas, sino las manipulaciones de un hombre valiente, sí, cuando hace falta, pero muy cobarde en determinadas cosas, en afrontar sus complejos de culpa y la desaprobación ajena, un hombre criado y huido de un ambiente opresivo y cerrado al que sin embargo vuelve cada dos fines de semana, y del que me ha mantenido excluida a base de excusas creíbles hasta que dejaron de serlo, excluida para no herir sensibilidades del tal ambiente, hiriendo en cambio las mías; un hombre que ha elegido frente a mí y no a mí, que debe responsabilizarse de mi como pareja suya que soy y no lo ha hecho, son las manipulaciones de ese hombre, digo, y no mis fantasmas, los que me han hecho pasar por un infierno.

Y si bien sé que no había intención en ello, ni siquiera conciencia del efecto que podía estar causando en mí; si bien sé que este hombre me quiere, porque no lo puede negar ni ocultar, el amor que no se ama como debe no hace ningún bien, sino todo lo contrario. Porque es un señuelo que te mantiene atrapado y no te deja ver con claridad. Y te hace pensar que son tus fantasmas, que eres tú, que has pasado por tanto que ya no puedes querer sin sufrir, que ves cosas donde no las hay, que te las imaginas, que eres injusta, que no puede ser. Hasta que las excusas creíbles se acaban y se echa mano de las más flojas, y se queda el manipulador con el culo al aire y tú sin un solo pelo en el sombrajo. Y de repente, se abren las nubes y ves todo el panorama. Y te cagas en su puta madre. Para qué nos vamos a engañar.





jueves, junio 29, 2017

Cansancio

20:40 2 Comments
Uno de los efectos poco conocidos de la ansiedad es el cansancio. Es una carga tan grande que llegas al final del día agotado. El motivo de que me haya decidido a emprender el Happiness Project es otro, sin embargo. Desde hace unos días, no es sólo cansancio, sino bajadas de ánimo. Me entran ganas de llorar. Lo considero una pequeña señal de alarma y por eso estoy tomando medidas. Nada grave, por el momento, pero no creo que deba permitir que la cosa vaya a más.

A veces, como hoy, lo que me apetece es meterme en la cama y quedarme ahí para siempre. Otro pensamiento que es una pequeña alarma. No lo hago, por supuesto, aunque en realidad, me apetece muchísimo, meterme en la cama a las ocho y veinte de la tarde que son y quedarme allí en silencio, mirando el techo, con la persiana medio bajada, en un puro nada, en paz, con mis gatos, que también disfrutan lo suyo con estas sesiones y de hecho ya están allí, como tentándome a hacer lo mismo.  

Seguro que no es el mundo, soy yo. Y por eso estoy tomando medidas. Como las tomé cuando descubrí que estaba padeciendo el síndrome de burnt-out. Me costaba levantarme para ir al trabajo, estaba tan irritable que no se me podía ni pedir la hora, mi motivación no sólo estaba por los suelos, sino que rozaba peligrosamente la línea de un enfrentamiento abierto con mi superior jerárquico, persona tóxica donde las haya y principal causa del tal síndrome, junto con mi carácter de por sí ansioso.

¿Cómo lo hice? Decidí que esta persona no me iba a desequilibrar. Tomar distancia emocional, observarla a ella y las situaciones que provocaba como algo objetivo, procurando juzgarlo lo menos posible. Esta idea también la adopté del budismo, y la adapté a mi versión, como todo lo que hago. Funcionó bastante bien. Supongo que ayudó lo suyo que la tóxica en cuestión se fuera de la oficina durante quince días. Y de todos modos, te das cuenta de que las personas son como son y no saben actuar de otra forma. No lo hacen así para "joerte" a ti. Bueno, a veces sí, pero porque son como son. Tóxicas.

Este blog ayuda un montón con los malos ratos. Pero tiene truco. Hay que usarlo de forma constructiva, no para verter la bilis que me temo es lo que había acabado haciendo. De ahí la iniciativa del Happiness Project. En el fondo no es más que una excusa para tomar medidas, centrarme en lo que puedo hacer en lugar de en lo que está mal, conocerme y dejar que los escaparates ajenos se la compongan como mejor les venga, dirigiendo la atención a cosas más interesantes que el rumia-rumia que te vuelve loco.


The happiness project #1 (nota al margen)

19:42 0 Comments
Después de la primera jornada con la experiencia piloto del Happiness Project he llegado a algunas conclusiones interesantes, personales y también aderezadas con algunas ideas que voy recibiendo a media que avanzo en la lectura del libro.

Una de ellas es que mantener la práctica de un nuevo hábito durante un solo día aporta bien poco. No es que no haya notado diferencia en este primer día. Al contrario, la he notado y mucha. Pero no estrictamente por la puesta en práctica del contra-argumento positivo. Creo que ha sido más bien una cuestión de actitud; la simple decisión de tomar las riendas de mis emociones y decidir cambiarlas ha tenido un efecto muy significativo. De modo que anticipo que sí, es posible trabajar en tu estado de ánimo, felicidad o como quieras llamarlo.

Decía que mantener el hábito un solo día no aporta casi nada. Y ello coincide con lo que dice Gretchen, que diseñó un plan anual con doce aspectos que estimaba que debía trabajar para ser más feliz, a razón de uno por cada mes del año.

Yo no voy a hacer un plan porque me agobio. Además, no quiero obligarme a pensar en doce conceptos sólo porque haya doce meses en un año. A lo mejor a mí me vale con cuatro o cinco. O igual necesito veinte (espero que no, porque tendría que hacer un croquis) Lo que he decidido en su lugar es practicar el primero que elegido, el contra-pensamiento retador o CPR, durante veintiún días seguidos. Porque así compruebo de paso la teoría de que para adquirir un nuevo hábito es suficiente con practicarlo de forma consistente durante veintiún días.  Cuando termine ese plazo, ya veremos cuál elijo. Por cierto, el término contrapensamiento retador es mío, no de Gretchen, y acabo de inventármelo. Además la idea, como explicaba en mi anterior entrada, está basada en un libro que leí escrito por un monje budista.

La otra cosa que he descubierto es que no todos los pensamientos se pueden contra-retar. Sí, lo he escrito bien, contra-retar, porque de lo que se trata es de retar a duelo a los pensamientos negativos a ver si pueden sostenerse. Porque si pueden, entonces no son pensamientos negativos, sino apreciaciones objetivas de una realidad desagradable, y en ese caso lo que hay que hacer es resolver la situación que las genera, no ignorar el pensamiento o darse de latigazos hasta convencerse que en realidad estás de pastelera madre sólo porque te lo has repetido choporrocientas veces (*)

Entonces, los pensamientos negativos que realmente lo son pueden contra-retarse y difícilmente aguantarán un argumento objetivo en contra. Peeeero existen pensamientos que no son negativos ni nada, sino auténticos fantasmas nacidos del miedo cuyo principal objetivo no es ni siquiera afirmar algo, sino darte repetidos golpes en el cráneo con el martillo de la obsesión. A estos, pensamientos tóxicos más que negativos, directamente hay que ignorarlos.

La diferencia entre un pensamiento tóxico y negativo es que el primero no atiende a razones; mientras que el pensamiento negativo se disolverá ante un argumento realista y objetivo afirmando lo contrario, el tóxico no lo hará porque ni siquiera es un pensamiento. Es un sub-producto del pánico, una idea que resurgirá una vez y otra para machacarte el melón, incluso siendo tú consciente de que no es cierta. La hipocondría es un buen ejemplo de ello; puedes hacerte pruebas médicas que descarten todo tipo de enfermedad y aun así, seguir convencido de que tienes un cáncer. Es un ejemplo llevado al extremo, pero se entiende. Para este tipo de pensamientos, mi postura es ignorarlos hasta que se mueran de asco.

Y esto es lo que cuento por el momento. Como siempre, teniendo en cuenta que esta es  mi experiencia y mi visión. No vaya  a ser que alguien se piense que estoy sentando cátedra.

(*) Para entender la diferencia entre pensar de forma positiva y engañarse a uno mismo me ha ayudado mucho leer a Martin Seligman.






martes, junio 27, 2017

The happiness project #1

21:28 2 Comments
No sé muy bien de qué va esto. Así que no sé por dónde empezar. Como la idea es ir experimentando, lo haré por cualquier parte. Tengo unas cuantas ideas, captadas de aquí y allá. Y algunas más sobre las razones que me causan infelicidad. Que no voy a contar aquí. Como digo, me voy a centrar en el objetivo del experimento: descubrir si, como dice el Dalai Lama, la felicidad es algo que se puede trabajar. 

La reflexión me recuerda un libro que leí hace tiempo, escrito por Matthieu Ricard, supuestamente el hombre más feliz del mundo, a juzgar por mediciones científicas de su actividad cerebral y demás. En el libro (creo que era este) contaba que una de las técnicas que utilizan los monjes budistas es (lo contaré en mis propias palabras porque no recuerdo las suyas) algo así como retar los pensamientos negativos. Es decir, que por cada pensamiento que te haga sentir mal, hay que buscar en el momento la forma de rebatirlo, el pensamiento contrario. A decir verdad, ahora no recuerdo si hablaba de pensamientos o emociones, pero como primera tarea de experimentación me sirve.

Durante todo el día de mañana buscaré argumentos para rebatir los pensamientos negativos que se me presenten. La premisa es que el argumento debe ser cierto, nada de llevar la contraria rollo "estoy perfectamente" cuando me he pillado la cara con la puerta. Se trata de retar a los pensamientos negativos para ver si son reales, con contra-argumentos verídicos. Ya saben lo que dicen; en esta vida se puede argumentar una cosa y la contraria. Por algo existen los abogados. A ver qué resultado da.




Sobre mí

20:06 2 Comments
Como todas las personas de este mundo, tengo muchas facetas. Y la verdad, no sé muy bien cómo definirme. Quizá lo mejor será irlo descubriendo a medida que vaya escribiendo este blog. Lo digo principalmente por mí. Tengo la sensación de haberme perdido en escaparates ajenos, por muchas palabras que haya escrito sobre mis propios achaques "písquicos". Sí, no puedo evitar hacer el chiste de vez en cuando. Quizá eso me defina un poco.

Me gusta el Derecho. Me gusta leer. Me encanta escribir, y casi diría que es mi forma de respirar. Me gusta hacer deporte, pero del divertido, aunque desde hace algún tiempo me tengo abandonada. Me gusta la buena cocina, el buen vino. Las buenas películas. Los buenos documentales. Los viajes. Me encanta moverme en ambientes internacionales. Aprender y hablar otros idiomas. No me acabo de enganchar al Netflix, prefiero leer un buen libro. Los malos no los aguanto y no los termino; no paso más allá de la página en la que he alcanzado la conclusión de que es malo. La música no destaca entre mis aficiones, pero soy fan de Alphaville. De las que llora en los conciertos. Tengo una foto con Marian Gold. Me gustan las buenas veladas con los amigos, un término que para mí tiene un significado especial. Lo doy todo por la gente que quiero, y no debería. Como decía antes, me pierdo en escaparates ajenos. Llevo muy mal lo que no puedo controlar. No tengo paciencia. Adoro a los animales y son una de mis principales obsesiones, en cuanto a pasión que quisiera desarrollar sin acabar de encontrar la forma. Tengo dos gatos preciosos. Valoro el orden, la elegancia y la estética. Detesto lo vulgar y huyo de ello como de la peste. Me exijo muchísimo y espero mucho de todo, lo cual me hace sufrir de forma considerable. No creo en Dios. Es fácil herirme, quizá por eso he desarrollado un super-poder: volverme de hielo con la gente dañina. Una mujer fría y distante. A la que le importa un "peo" lo que pueda pensar el "joedor" de turno. No sé qué más decir que valga la pena. Lo mejor será seguir escribiendo el blog.


The happiness project

19:04 0 Comments
No me lo he inventado yo. El título es de un libro que compré en el aeropuerto de Schiphol. Y que todavía no he leído. Como muchos de los libros que voy comprando y aguardan pacientemente en la cola del búfer. Este acabo de empezarlo y la premisa me parece curiosa, una escritora que un buen día, sentada en un autobús, se da cuenta de que no es feliz y decide iniciar su "happiness project". Contándolo por el camino. Y como buena yanqui, te anima a iniciar el tuyo propio. No me ha parecido mala idea. No es que no sea feliz. Bueno, va. No soy feliz. Ni siquiera sé si tal cosa existe o es posible conseguirla. 

Muchos dirían que eso de la felicidad es una utopía y los que se empeñan en ser felices son unos tontos que se han tragado las falacias de los vende-motos de nuestros días, buhoneros modernos disfrazados de gurús que te repiten constantemente que si no eres feliz, es porque eres gilipollas. Más o menos. Por lo visto es posible mantenerse en estado de felicidad permanente. Yo no lo creo. Salvo que te apoyes en alguna sustancia poco recomendable, lo cual no aconsejo.

Y entonces, Amaranta, ¿para qué te embarcas en este "happiness project"? Porque para mí, la felicidad es algo mucho menos ambicioso que pasarse el día en un "eternal bliss". Algo mucho más práctico y realista. Mi felicidad es como la define Eduardo Punset: felicidad es ausencia de miedo. Lo repito, haciendo mías sus palabras. Felicidad es ausencia de miedo. Es equilibrio, tranquilidad, estabilidad en lo fácil y lo difícil. Puedo estar triste, enfadada, alegre, pero en equilibrio. Con una ausencia razonable de miedo. En la actualidad, eso es algo que no me pasa. 

Así que, como experimento, me parece una propuesta interesante. Una con la que no tengo nada que perder. Y además, es una excusa excelente para volver al blog. En el pasado, me sirvió mucho para desahogarme; ahora espero que me sirva para construir. Para quejarme menos y solucionar más. Y contarlo por el camino, que es lo bueno de todo esto.



viernes, junio 16, 2017

Y se hizo la luz

0:37 6 Comments
He tenido que reescribir esta entrada. Desde que tengo memoria, es la primera vez que lo hago. Nunca he reescrito algo que ya estuviera publicado. Pero esta vez hacía falta. Tampoco voy a rumiar los motivos. Era necesario un cambio y ya está. Abrir la puerta para que entrara el aire y lo renovara todo.

Todas las etapas oscuras conllevan un aprendizaje si se está dispuesto a leer entre líneas. Admito que en mi caso, la etapa se estaba alargando más de la cuenta. Probablemente debido a mis propios fantasmas. Afortunadamente, la vida se ha empeñado en ponerme ante situaciones que me han obligado a evolucionar y me siguen obligando a cambiar para mejor.

Pongo el contador a cero. No voy a cambiar de blog pero sí voy a empezar de nuevo con las entradas. No voy a hacer propósitos ni a analizar nada. Sé por qué lo hago; el espejo de esta bitácora me devolvía una imagen que no me gustaba. 
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La vida es un viaje. El dibujo de un mochilero que vi en un libro del colegio cuando tenía seis años, echándose a andar carretera alante, sin preocupaciones ni rumbo, con el simple anhelo de descubrir, sigue estando conmigo. Desde ese día soñé con hacer lo mismo. Lo que no sabía es que, en realidad, ya lo estaba haciendo. Que la vida es un camino en el que nos aventuramos sin saber dónde nos lleva. Con la mochila en la espalda, la carretera por delante y la curiosidad en el estómago. Mucho he recorrido hasta ahora pero me queda mucho por recorrer. Y quiero hacerlo mirando cómo se pone el sol en el horizonte mientras los insectos rompen con su zumbido el silencio de la cuneta. Escuchando el sonido de mis propios pasos. Anticipando el misterio de lo que viene detrás de la curva. Sintiéndome libre y sabiendo que lo único que tengo que hacer es poner un pie detrás de otro.


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