viernes, junio 16, 2017

Y se hizo la luz

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He tenido que reescribir esta entrada. Desde que tengo memoria, es la primera vez que lo hago. Nunca he reescrito algo que ya estuviera publicado. Pero esta vez hacía falta. Tampoco voy a rumiar los motivos. Era necesario un cambio y ya está. Abrir la puerta para que entrara el aire y lo renovara todo.

Todas las etapas oscuras conllevan un aprendizaje si se está dispuesto a leer entre líneas. Admito que en mi caso, la etapa se estaba alargando más de la cuenta. Probablemente debido a mis propios fantasmas. Afortunadamente, la vida se ha empeñado en ponerme ante situaciones que me han obligado a evolucionar y me siguen obligando a cambiar para mejor.

Pongo el contador a cero. No voy a cambiar de blog pero sí voy a empezar de nuevo con las entradas. No voy a hacer propósitos ni a analizar nada. Sé por qué lo hago; el espejo de esta bitácora me devolvía una imagen que no me gustaba. 
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La vida es un viaje. El dibujo de un mochilero que vi en un libro del colegio cuando tenía seis años, echándose a andar carretera alante, sin preocupaciones ni rumbo, con el simple anhelo de descubrir, sigue estando conmigo. Desde ese día soñé con hacer lo mismo. Lo que no sabía es que, en realidad, ya lo estaba haciendo. Que la vida es un camino en el que nos aventuramos sin saber dónde nos lleva. Con la mochila en la espalda, la carretera por delante y la curiosidad en el estómago. Mucho he recorrido hasta ahora pero me queda mucho por recorrer. Y quiero hacerlo mirando cómo se pone el sol en el horizonte mientras los insectos rompen con su zumbido el silencio de la cuneta. Escuchando el sonido de mis propios pasos. Anticipando el misterio de lo que viene detrás de la curva. Sintiéndome libre y sabiendo que lo único que tengo que hacer es poner un pie detrás de otro.


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