martes, junio 27, 2017

The happiness project #1

21:28 2 Comments
No sé muy bien de qué va esto. Así que no sé por dónde empezar. Como la idea es ir experimentando, lo haré por cualquier parte. Tengo unas cuantas ideas, captadas de aquí y allá. Y algunas más sobre las razones que me causan infelicidad. Que no voy a contar aquí. Como digo, me voy a centrar en el objetivo del experimento: descubrir si, como dice el Dalai Lama, la felicidad es algo que se puede trabajar. 

La reflexión me recuerda un libro que leí hace tiempo, escrito por Matthieu Ricard, supuestamente el hombre más feliz del mundo, a juzgar por mediciones científicas de su actividad cerebral y demás. En el libro (creo que era este) contaba que una de las técnicas que utilizan los monjes budistas es (lo contaré en mis propias palabras porque no recuerdo las suyas) algo así como retar los pensamientos negativos. Es decir, que por cada pensamiento que te haga sentir mal, hay que buscar en el momento la forma de rebatirlo, el pensamiento contrario. A decir verdad, ahora no recuerdo si hablaba de pensamientos o emociones, pero como primera tarea de experimentación me sirve.

Durante todo el día de mañana buscaré argumentos para rebatir los pensamientos negativos que se me presenten. La premisa es que el argumento debe ser cierto, nada de llevar la contraria rollo "estoy perfectamente" cuando me he pillado la cara con la puerta. Se trata de retar a los pensamientos negativos para ver si son reales, con contra-argumentos verídicos. Ya saben lo que dicen; en esta vida se puede argumentar una cosa y la contraria. Por algo existen los abogados. A ver qué resultado da.




Sobre mí

20:06 2 Comments
Como todas las personas de este mundo, tengo muchas facetas. Y la verdad, no sé muy bien cómo definirme. Quizá lo mejor será irlo descubriendo a medida que vaya escribiendo este blog. Lo digo principalmente por mí. Tengo la sensación de haberme perdido en escaparates ajenos, por muchas palabras que haya escrito sobre mis propios achaques "písquicos". Sí, no puedo evitar hacer el chiste de vez en cuando. Quizá eso me defina un poco.

Me gusta el Derecho. Me gusta leer. Me encanta escribir, y casi diría que es mi forma de respirar. Me gusta hacer deporte, pero del divertido, aunque desde hace algún tiempo me tengo abandonada. Me gusta la buena cocina, el buen vino. Las buenas películas. Los buenos documentales. Los viajes. Me encanta moverme en ambientes internacionales. Aprender y hablar otros idiomas. No me acabo de enganchar al Netflix, prefiero leer un buen libro. Los malos no los aguanto y no los termino; no paso más allá de la página en la que he alcanzado la conclusión de que es malo. La música no destaca entre mis aficiones, pero soy fan de Alphaville. De las que llora en los conciertos. Tengo una foto con Marian Gold. Me gustan las buenas veladas con los amigos, un término que para mí tiene un significado especial. Lo doy todo por la gente que quiero, y no debería. Como decía antes, me pierdo en escaparates ajenos. Llevo muy mal lo que no puedo controlar. No tengo paciencia. Adoro a los animales y son una de mis principales obsesiones, en cuanto a pasión que quisiera desarrollar sin acabar de encontrar la forma. Tengo dos gatos preciosos. Valoro el orden, la elegancia y la estética. Detesto lo vulgar y huyo de ello como de la peste. Me exijo muchísimo y espero mucho de todo, lo cual me hace sufrir de forma considerable. No creo en Dios. Es fácil herirme, quizá por eso he desarrollado un super-poder: volverme de hielo con la gente dañina. Una mujer fría y distante. A la que le importa un "peo" lo que pueda pensar el "joedor" de turno. No sé qué más decir que valga la pena. Lo mejor será seguir escribiendo el blog.


The happiness project

19:04 0 Comments
No me lo he inventado yo. El título es de un libro que compré en el aeropuerto de Schiphol. Y que todavía no he leído. Como muchos de los libros que voy comprando y aguardan pacientemente en la cola del búfer. Este acabo de empezarlo y la premisa me parece curiosa, una escritora que un buen día, sentada en un autobús, se da cuenta de que no es feliz y decide iniciar su "happiness project". Contándolo por el camino. Y como buena yanqui, te anima a iniciar el tuyo propio. No me ha parecido mala idea. No es que no sea feliz. Bueno, va. No soy feliz. Ni siquiera sé si tal cosa existe o es posible conseguirla. 

Muchos dirían que eso de la felicidad es una utopía y los que se empeñan en ser felices son unos tontos que se han tragado las falacias de los vende-motos de nuestros días, buhoneros modernos disfrazados de gurús que te repiten constantemente que si no eres feliz, es porque eres gilipollas. Más o menos. Por lo visto es posible mantenerse en estado de felicidad permanente. Yo no lo creo. Salvo que te apoyes en alguna sustancia poco recomendable, lo cual no aconsejo.

Y entonces, Amaranta, ¿para qué te embarcas en este "happiness project"? Porque para mí, la felicidad es algo mucho menos ambicioso que pasarse el día en un "eternal bliss". Algo mucho más práctico y realista. Mi felicidad es como la define Eduardo Punset: felicidad es ausencia de miedo. Lo repito, haciendo mías sus palabras. Felicidad es ausencia de miedo. Es equilibrio, tranquilidad, estabilidad en lo fácil y lo difícil. Puedo estar triste, enfadada, alegre, pero en equilibrio. Con una ausencia razonable de miedo. En la actualidad, eso es algo que no me pasa. 

Así que, como experimento, me parece una propuesta interesante. Una con la que no tengo nada que perder. Y además, es una excusa excelente para volver al blog. En el pasado, me sirvió mucho para desahogarme; ahora espero que me sirva para construir. Para quejarme menos y solucionar más. Y contarlo por el camino, que es lo bueno de todo esto.



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