jueves, junio 29, 2017

Cansancio

20:40 2 Comments
Uno de los efectos poco conocidos de la ansiedad es el cansancio. Es una carga tan grande que llegas al final del día agotado. El motivo de que me haya decidido a emprender el Happiness Project es otro, sin embargo. Desde hace unos días, no es sólo cansancio, sino bajadas de ánimo. Me entran ganas de llorar. Lo considero una pequeña señal de alarma y por eso estoy tomando medidas. Nada grave, por el momento, pero no creo que deba permitir que la cosa vaya a más.

A veces, como hoy, lo que me apetece es meterme en la cama y quedarme ahí para siempre. Otro pensamiento que es una pequeña alarma. No lo hago, por supuesto, aunque en realidad, me apetece muchísimo, meterme en la cama a las ocho y veinte de la tarde que son y quedarme allí en silencio, mirando el techo, con la persiana medio bajada, en un puro nada, en paz, con mis gatos, que también disfrutan lo suyo con estas sesiones y de hecho ya están allí, como tentándome a hacer lo mismo.  

Seguro que no es el mundo, soy yo. Y por eso estoy tomando medidas. Como las tomé cuando descubrí que estaba padeciendo el síndrome de burnt-out. Me costaba levantarme para ir al trabajo, estaba tan irritable que no se me podía ni pedir la hora, mi motivación no sólo estaba por los suelos, sino que rozaba peligrosamente la línea de un enfrentamiento abierto con mi superior jerárquico, persona tóxica donde las haya y principal causa del tal síndrome, junto con mi carácter de por sí ansioso.

¿Cómo lo hice? Decidí que esta persona no me iba a desequilibrar. Tomar distancia emocional, observarla a ella y las situaciones que provocaba como algo objetivo, procurando juzgarlo lo menos posible. Esta idea también la adopté del budismo, y la adapté a mi versión, como todo lo que hago. Funcionó bastante bien. Supongo que ayudó lo suyo que la tóxica en cuestión se fuera de la oficina durante quince días. Y de todos modos, te das cuenta de que las personas son como son y no saben actuar de otra forma. No lo hacen así para "joerte" a ti. Bueno, a veces sí, pero porque son como son. Tóxicas.

Este blog ayuda un montón con los malos ratos. Pero tiene truco. Hay que usarlo de forma constructiva, no para verter la bilis que me temo es lo que había acabado haciendo. De ahí la iniciativa del Happiness Project. En el fondo no es más que una excusa para tomar medidas, centrarme en lo que puedo hacer en lugar de en lo que está mal, conocerme y dejar que los escaparates ajenos se la compongan como mejor les venga, dirigiendo la atención a cosas más interesantes que el rumia-rumia que te vuelve loco.


The happiness project #1 (nota al margen)

19:42 0 Comments
Después de la primera jornada con la experiencia piloto del Happiness Project he llegado a algunas conclusiones interesantes, personales y también aderezadas con algunas ideas que voy recibiendo a media que avanzo en la lectura del libro.

Una de ellas es que mantener la práctica de un nuevo hábito durante un solo día aporta bien poco. No es que no haya notado diferencia en este primer día. Al contrario, la he notado y mucha. Pero no estrictamente por la puesta en práctica del contra-argumento positivo. Creo que ha sido más bien una cuestión de actitud; la simple decisión de tomar las riendas de mis emociones y decidir cambiarlas ha tenido un efecto muy significativo. De modo que anticipo que sí, es posible trabajar en tu estado de ánimo, felicidad o como quieras llamarlo.

Decía que mantener el hábito un solo día no aporta casi nada. Y ello coincide con lo que dice Gretchen, que diseñó un plan anual con doce aspectos que estimaba que debía trabajar para ser más feliz, a razón de uno por cada mes del año.

Yo no voy a hacer un plan porque me agobio. Además, no quiero obligarme a pensar en doce conceptos sólo porque haya doce meses en un año. A lo mejor a mí me vale con cuatro o cinco. O igual necesito veinte (espero que no, porque tendría que hacer un croquis) Lo que he decidido en su lugar es practicar el primero que elegido, el contra-pensamiento retador o CPR, durante veintiún días seguidos. Porque así compruebo de paso la teoría de que para adquirir un nuevo hábito es suficiente con practicarlo de forma consistente durante veintiún días.  Cuando termine ese plazo, ya veremos cuál elijo. Por cierto, el término contrapensamiento retador es mío, no de Gretchen, y acabo de inventármelo. Además la idea, como explicaba en mi anterior entrada, está basada en un libro que leí escrito por un monje budista.

La otra cosa que he descubierto es que no todos los pensamientos se pueden contra-retar. Sí, lo he escrito bien, contra-retar, porque de lo que se trata es de retar a duelo a los pensamientos negativos a ver si pueden sostenerse. Porque si pueden, entonces no son pensamientos negativos, sino apreciaciones objetivas de una realidad desagradable, y en ese caso lo que hay que hacer es resolver la situación que las genera, no ignorar el pensamiento o darse de latigazos hasta convencerse que en realidad estás de pastelera madre sólo porque te lo has repetido choporrocientas veces (*)

Entonces, los pensamientos negativos que realmente lo son pueden contra-retarse y difícilmente aguantarán un argumento objetivo en contra. Peeeero existen pensamientos que no son negativos ni nada, sino auténticos fantasmas nacidos del miedo cuyo principal objetivo no es ni siquiera afirmar algo, sino darte repetidos golpes en el cráneo con el martillo de la obsesión. A estos, pensamientos tóxicos más que negativos, directamente hay que ignorarlos.

La diferencia entre un pensamiento tóxico y negativo es que el primero no atiende a razones; mientras que el pensamiento negativo se disolverá ante un argumento realista y objetivo afirmando lo contrario, el tóxico no lo hará porque ni siquiera es un pensamiento. Es un sub-producto del pánico, una idea que resurgirá una vez y otra para machacarte el melón, incluso siendo tú consciente de que no es cierta. La hipocondría es un buen ejemplo de ello; puedes hacerte pruebas médicas que descarten todo tipo de enfermedad y aun así, seguir convencido de que tienes un cáncer. Es un ejemplo llevado al extremo, pero se entiende. Para este tipo de pensamientos, mi postura es ignorarlos hasta que se mueran de asco.

Y esto es lo que cuento por el momento. Como siempre, teniendo en cuenta que esta es  mi experiencia y mi visión. No vaya  a ser que alguien se piense que estoy sentando cátedra.

(*) Para entender la diferencia entre pensar de forma positiva y engañarse a uno mismo me ha ayudado mucho leer a Martin Seligman.






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