domingo, julio 09, 2017

El arte sutil de que te importe un peo

11:42 4 Comments
Traducción libre y no excesivamente fisna de mi antepenúltima lectura, The subtle art of not giving a f*ck. Sí, con asterisco y todo. Ya se sabe que estos yanquis son muy política y moralmente doble correctos (uy, qué acidez la mía)  (:-0) Ahora en serio, sin animus criticandi, más de una vez tengo la sensación de que este país crea corrientes tanto como las destruye, arrastrando en sus tendencias al resto del mundo. Vale, acabo de decir una perogrullada tamaño el caballo blanco de Santiago es blanco. Grmpf. Pero dejad que me explique.

Un ejemplo es el consumismo. Sin ser experta en historia económica - qué digo experta, sin tener ni pajolera idea dello - siempre me ha dado el tufo de que Estados Unidos no sólo ha sido la gran cuna del consumismo, sino que lo ha practicado y practica de forma atroz. No hay más que ver el tamaño de los platos que se meten esos hombres p'al cuerpo entre pecho y espalda. Una de mis principales angustias cuando viajo allí es precisamente la hora de la comida, porque lo que para mí es una ración, para ellos es lo que llaman un "sideplate", una guarnición opcional que puedes añadir por un par de dólares al plato que pidas, que por lo general será del tamaño de la bandeja del horno de tu casa. Todo ello cocinado con abundante mantequilla de la grasa, lo cual hace de cada bocado una bola de cañón. Y qué tiene eso que ver con el consumismo, Amaranta. Pues todo. Tiene que ver con una cultura, una forma de pensar. El despilfarro, la abundancia, la exageración. Que comen más de lo que necesitan lo prueba el gran número de obesos del país. Y yo encima que me agobio si tengo que dejar algo en el plato porque tirar comida me hace sentir muy incómoda. Imaginen cómo me siento cuando lo que tengo que dejar es el 80% de la ración porque con lo que me ponen comen cuatro como yo. Y sí, su origen histórico tendrá, no lo dudo. Que los padres fundadores pasaron mogollón de hambre, no me cabe duda alguna. Y que de aquellos barros, estos lodos, también. 

Más allá de la anécdota alimenticia, en Estados Unidos se respira consumismo por todos lados. Esa es mi impresión al menos. Para empezar, te cobran por todo. Cualquier cosa que se salga del estándar, rejón que te crió. Y luego es un compre, compre, compre constante. Un apabullamiento de colores, sabores, brillos, luces, carteles chillones, ofertas... Un "cuanto más tengo, más valgo" que se respira por donde vas. Y cuanto más grande y caro es lo que tengo (los coches son un magnífico ejemplo, qué exageraciones se llegan a ver, por Dos) también. Y así ha pasado que ¿dónde ha nacido la corriente contraria al consumismo? En Estados Unidos, of course. Where else? Hablamos del  minimalismo. Las exageraciones es lo que tienen, que suelen suscitar reacciones contrarias a veces un poco extremas. Y conste que al minimalismo(*) desde luego le encuentro su punto. No soy partidaria de adoptar ninguna ideología o corriente, para eso ya está el criterio propio, pero un cierto sentido común no le falta. Siempre que no te lo autoimpongas ni lo lleves al extremo, digo. Más bien es una fuente más para tomar ideas. En el justo medio está la virtud.

Y esta perorata reflexiva venía porque iba a contar las impresiones de mi antepenúltima lectura, The subtle art of not giving a f*ck, que no tenía intención de leer, porque la lectura de "autoayuda" (qué poco me gusta el término) me cansa y me agota y además me suena a crecepelo de oferta del buhonero de turno del viejo Oeste. Apuesto algo a que este género librístico también se ha inventado por allá. Pero el caso es que este libro lo encontré curioseando en una de mis dos librerías re-favoritas en Holanda (la otra es The American Book Centre) que no recuerdo cómo se llama pero sé ir, que es lo importante. Y decía, el caso es que encontré el libro y lo estuve hojeando y me pareció tal compendio de sentido común y tan necesario que alguien dijera lo que dice este libro que me lo llevé. Y me ha encantado.

Algunas de las ideas que desarrolla el libro en cuestión (en mis propias palabras y como yo lo he percibido):

No, no es verdad que tengas que pensar en positivo to'l puñetero día. Esa idea de que si no eres feliz es porque eres gilipollas es MENTIRA y una gilipollez en sí misma.

Sí, todos soñamos con entrar en una sala llena de gente y que el grupo se abra en dos como las aguas para dejarte paso admirando tu guapura, abdominales perfectos, las llaves del Ferrari que asoman de tu bolsillo y el pedazo de cañón de tía que llevas colgada del brazo. Y sí, todos soñamos con f... a Jennifer Aniston, pero eso no va a pasar. NO eres excepcional y no eres un fracasado por no serlo, aunque la sociedad actual te machaque continuamente con la idea contraria.

La vida es corta y hay una cantidad limitada de "peos" que nos pueden importar, así que elige bien las cosas que sí te importan y las demás, pues eso, que te importen un peo.

No, la vida NO es un camino de rosas, es una lucha constante por las cosas que importan, así que elige por qué cosas quieres luchar. En realidad, los problemas se reducen a eso.

Y suma y sigue...

Lo mejor es la sinceridad, humanidad y humor con que está contado. Vamos, que no me hacía falta leerlo pero me ha gustado mucho.

(*) Si alguien tiene interés en saber más sobre minimalismo, hay un documental en Netflix, Minimalism: A documentary about the important things, que lo cuenta muy bien.













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